Inocencia perdida: los niños migrantes

Posted: November 12, 2008 in Reportajes
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Javier Quintero

HERMOSILLO, SONORA.- José intentó cruzar ilegalmente a Estados Unidos. Llegó hasta Nogales, Sonora, proveniente de Tierra Blanca, Veracruz, pero su intento no prosperó.

Durante veinte días viajó escondido en el tren y aunque el trayecto fue largo se compensaba con las pláticas que habitualmente comenzaba con otras personas que viajaron en el mismo vagón; la charla se centraba en soñar con lo fabuloso que sería trabajar en el otro lado.

La pobreza lo había obligado a dejar atrás su vida normal como niño, dejó la escuela para aventurarse en esta larga e incómoda travesía y por eso pasó hambre, frío y sed.

“Cuando yo llegué a Sonora conseguí de comer y también agua suficiente porque sabía a lo que iba. Pedí dinero y me dieron, luego me junté con otros que también iban a cruzar y agarramos un camión para la garita 3″, recuerda.

Y continúa: “allá estuvimos hasta que subió la tarde, cuando vi que todos se empezaron a meter por debajo de la cerca rápido me metí yo también. Me sentí solo, como agüitado, pero así empecé a caminar y a caminar; caminamos bastante”, dice José.

Él es todavía un niño, pues apenas cumplió los 17 años y según la Convención sobre los Derechos del Niño que entró en vigor el 2 de septiembre de 1990, al cumplir los 18 dejará de serlo.

Esta es sólo una de las miles de historias que se cuentan y se conocen en la frontera de México y Estados Unidos.

A José no le respetaron sus derechos fundamentales: ir a la escuela, vivir en una casa digna, con la familia, tener alimentación y cuidados.

Dejó la escuela cuando tenía 9 años, llegó a tercer grado de primaria y trabajó desde chico.

Sus padres, sus propios padres violaron sus derechos básicos porque lo olvidaron y lo descuidaron.

Él no conocía sus derechos como migrante en Estados Unidos, no sabía que tenía derecho a negarse a contestar preguntas… y empezaron los golpes.

“Nos agarró Migración, nos separaron a todos y nos empezaron a hacer preguntas que si de dónde éramos y cuántos años teníamos, pero no le entendíamos el inglés y yo me desesperé y me alteré, entonces me empezaron a golpear”, detalló.

José y los otros indocumentados recibieron los golpes de los elementos de la Patrulla Fronteriza.

“Nos quitaron todo lo que traíamos y nos metieron a una celda, yo estuve dos días ahí, nomás me daban una comida. Nos veíamos y sentíamos feo, nos acordábamos de la familia y queríamos estar allá”, cuenta José mientras sus ojos se cristalizan por las lágrimas que aparecen de repente.

Cifras certeras de maltrato

Dice Jorge Otero Saucedo, secretario ejecutivo de la Comisión de los Derechos Humanos en Sonora y experto en el tema de la migración, que en la entidad 12 niños fueron maltratados y golpeados por elementos de la Patrulla Fronteriza por intentar cruzar ilegalmente.

Estos casos que ocurrieron durante el primer semestre del 2005 han sido comprobados con documentos oficiales y seguramente no son los únicos.

“Se trata de un asunto que es muy claro, no hay ninguna duda de eso. Sabemos que existe la excepción por parte de la Patrulla Fronteriza. Los casos comprobados los hicimos llegar a las autoridades estadounidenses para que se castiguen a los culpables”, explica Otero Saucedo.

Además de la violación de los derechos básicos del niño, los menores migrantes son vulnerables a abusos sexuales y a la pornografía infantil.

“Esto ocurre con más frecuencia en ciudades como Tapachula, Cancún, Puerto Vallarta, Acapulco, la Ciudad de México y donde hay mucha afl uencia turística”, explicó.

Lo que sucede es que los niños en ocasiones van en su ruta para reunirse con sus padres o algún familiar en Estados Unidos y caen en manos de bandas de explotadores que a su vez los secuestran y los mantienen privados de su libertad.

Es lo que dice Otero Saucedo para explicar que a estos niños les destrozan sus vidas.

Reciben atención rápida

De acuerdo con el Instituto Nacional de Migración y el DIF Nacional, durante el 2004 poco más de 10 mil menores de 18 años viajaron como indocumentados hacia los Estados Unidos.

José se cuenta entre ellos. Después de su desafortunado encuentro con los policías fronterizos fue trasladado al Módulo de Atención a Menores Repatriados que mantiene el DIF Sonora en el municipio de Nogales.

Ahí recibió atención y un lugar para descansar, además encontró la compañía de decenas de niños que habían sido deportados y que esperaban ser enviados a sus lugares de origen.

Este módulo para menores repatriados recibe en promedio unos 15 niños cada día, según explica el encargado de este lugar, Manuel Mireles Mendoza.

“De abril a agosto hemos tenido un flujo de mil 885 menores en lo que llaman la jurisdicción de la Patrulla Fronteriza en esta área del sur de Arizona”, dijo.

En ese módulo, José recibió el apoyo que desde hacía casi un mes no tenía; le hicieron una evaluación médica y sicológica, pero además buscaron a sus familiares para que regresara con ellos. Los gastos los haría DIF Sonora a través de su programa “Camino a Casa”, para los niños migrantes.

Dice Mireles Mendoza que “hay algunos niños que llegan cansados porque caminan por el desierto, algunos llegan con los pies ampollados, con hambre y sed”. A ellos se les da alimentación y sueros en caso de que lo necesiten.

Que se respeten sus derechos

Los niños y adultos migrantes buscan mejores condiciones de vida; quieren ganar dólares, huyen de la mala situación económica de México y se enfrentan a problemas diversos, a malos tratos y a la discriminación.

Yoriko Yasukawa, representante de Unicef en México, habla de un ideal: tener en el mundo las condiciones necesarias para que se respeten los derechos básicos de la niñez.

“Cuando hablamos de derechos humanos, algunas veces se nos vienen a la mente cosas difíciles como las leyes y los especialistas, pero realmente de lo que estamos hablando es de condiciones mínimas que consideraríamos necesarias para que nuestros hijos tengan una vida digna”, dijo.

Una buena atención, que todos vayan a la escuela, que tengan una educación de calidad, que estén bien nutridos, que crezcan con amor y con protección en el seno de una familia, sin violencia y sin maltrato, es el ideal de Yoriko Yasukawa.

Se hacen fuertes

Los niños migrantes pierden su inocencia en el trayecto. Se hacen fuertes ante la vida y son hijos de nadie.

El presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, José Luis Soberanes, considera preocupante esta situación.

“La situación preocupa porque los niños repatriados, que son alrededor de 20 mil, son hijos de nadie. No coinciden las cifras y hay un problema muy serio que vamos a abordar porque son mexicanos que tienen el derecho a la protección del Estado”, dice. 

(Este reportaje fue reconocido por la Unicef en su IV Premio Iberoamericano de Comunicación. Es una versión radiofónica publicada en Grupo ACIR Hermosillo y retomado el 11 de enero de 2006 por el Periódico EXPRESO)

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